Habemus Papam

“Annuntio vobis gaudium magnum: Habemus Papam; eminentissimum ac reverendissimum Dominum, dominum Georgium Marium, Sanctæ Romanæ Ecclesiæ Cardinalem Bergoglio, qui sibi nomen imposuit Franciscum”. Que a nuestro idioma se traduce como: “Os anuncio un gran gozo: ¡Tenemos Papa! El eminentísimo y reverendísimo Señor, Don Jorge Mario, cardenal de la Santa Iglesia Romana, Bergoglio, quien se ha impuesto el nombre de Francisco”. Una hora y siete minutos después del humo blanco, el anuncio de Jean-Louis Pierre Tauran despertó aún más la euforia de los miles de asistentes en la Plaza de la Basílica de San Pedro que esperaban el anuncio del nombre del nuevo Papa, que habría de suceder a Benedicto XVI. Pierre Tauran fue el encargado de salir a comunicar al mundo el Habemus Papam en su calidad de Cardenal Protodiácono. Sus palabras carecieron de fuerza, por la lucha que libra contra el mal de Parkinson, pero estuvieron colmadas de emotividad por la ocasión que centenares de millones de católicos vivían en todo el mundo.

Diez minutos después, apareció por el balcón, vestido sencillamente, de blanco, Jorge Mario Bergoglio, recién convertido en el primer Papa Francisco. Pasó uno minutos contemplando la bellísima escena de los fieles católicos abrazándose y gritando vivas, celebrando el acontecimiento especialmente histórico: el primer Pontífice latinoamericano, el primer Sucesor de San Pedro jesuita, el primer Papa que vivía al mismo tiempo que su sucesor (en la historia reciente). El pecho de Francisco se hinchaba de emoción, respiraba hondo, pero tranquilo, y al acercarse el micrófono, habló pausado, arrancando gritos y aplausos al término de cada frase:

“Hermanos y hermanas, buenas tardes. Como sabéis, el deber de un cónclave es dar un obispo a Roma. Parece que mis hermanos cardenales han ido a buscarlo casi al fin del mundo… pero estamos aquí. Os agradezco la acogida. La comunidad diocesana de Roma tiene su Obispo: gracias. Antes de todo, quisiera rezar por nuestro obispo emérito, Benedicto XVI. Recemos todos juntos por él, para que el Señor lo bendiga y la Virgen lo custodie” Primer mensaje del Papa Francisco.

Ese “parece que mis hermanos cardenales han ido a buscarlo casi al fin del mundo” (seguramente referenciado a la ubicación geográfica de Argentina), hizo sin querer alusión al tétrico destino que las Profecías de San Malaquías le deparan a Francisco, de ser el “Papa de las tribulaciones”. Sin embargo, conscientemente, nadie pensó si era el último Papa; o si realmente, por el color de la sotana jesuita, era el Papa negro cuya llegada se teme; todos volcaron su alegría y emoción en buenos deseos para el nuevo Representante de Dios en la Tierra.

Desde el primer día rompió el protocolo, hizo gala de su perfecto dominio del italiano; no habló español hasta pasadas varias semanas, bendecía bebés y niños a su paso, cedió su asiento a un travieso pequeño que se coló en una celebración, bendijo a un bebé vestido como Papa, entre otros gestos. Pero lo que más ha marcado el primer año de su pontificado, son sus declaraciones al respecto de varios temas, que durante siglos, El Vaticano y su representante, mantuvieron en silencio:

El 7 de junio, decidió interrumpir su discurso, en un encuentro con niños y jóvenes, y optó por responder de viva voz los cuestionamientos que de la despierta mente de las nuevas generaciones surgieran. Uno de ellos le preguntó: “¿Por qué quisiste ser Papa?”; sin titubeos, y seguro de su dicho señaló Francisco: “No quise, una persona que quiere ser Papa no se ama a sí mismo. Dios no lo bendice”. Al no ser un Cardenal papable en los momentos previos al Cónclave, se confirma la veracidad de su dicho de no tener pretensiones tan grandes como la de dirigir a los mil millones de católicos en el mundo, y deja abierta una gran ventana que da hacia la humildad de su alma.

“Quién soy yo para juzgar a los gays”, Francisco se refirió en sentido radicalmente contrario al en que años antes Benedicto XVI se había pronunciado. El nuevo Papa, el 29 de julio de 2013, abría la puerta a uno de los grupos arcaicamente discriminados por la Iglesia, y expresamente repudiados por el anterior Papa, cuando prohibió a los sacerdotes apoyar los movimientos Lésbico, Gay, Transexual y Bisexual.

El mismo día, en la misma conferencia de prensa, improvisada a bordo de su avión, declaró: “No se puede imaginar una iglesia sin mujeres activas”. Realzaba el papel del sexo femenino en el catolicismo, pero seguía firme en la eterna concepción de la no ordenación de mujeres sacerdotisas.

Celebró el buen uso de las redes sociales y el internet, y dijo: “no tengan miedo de hacerse ciudadanos del mundo digital… es un don de Dios”. Y quizá lo más emblemático de su pontificado en este primer año, fue esa palmada en la espalda a dos grupos de edad de la población que le interesan especialmente, cuando en la Jornada Mundial de la Juventud de Brasil, el 27 de julio, dijo: “Esta civilización mundial se pasó de rosca. Es tal el culto que ha hecho al dios dinero, que estamos presenciando una filosofía y una exclusión de los dos polos de la vida, que son las promesas de los pueblos: los ancianos y de los jóvenes”

Jorge Mario Bergoglio, el Papa Francisco, hizo historia con su elección y el rumbo que le dio a su pontificado desde el primer día. Los mil millones de fieles católicos desean que su papado dure mucho y su salud se mantenga firme para permitir que el liderazgo del primer Pontífice latinoamericano no decaiga, que saque de las “tribulaciones” a su rebaño, y que el más recordado de los pontificados, sea el del Papa Francisco.

Amigas y amigos: con esta quinta entrega concluyen los artículos que redacté en exclusiva para este medio, con motivo de la celebración del primer año de Jorge Mario Bergoglio como el Representante de Dios en la Tierra. Gracias por leerlos.

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El Papa de las Tribulaciones

Malaquías de Armagh fue un arzobispo irlandés que vivió durante los años 1094 y 1148, y a quien se le atribuyen las Profecías de los Papas, publicadas en 1595 y 1690, donde señala una lista de 113 papas y una virtud o rasgo específico de su pontificado. El monje Arnoldo Wion fue quien publicó el primero de los textos, quinientos años después de la muerte de Malaquías, quien profetizó el día de su fallecimiento, en un hecho que sí ocurrió realmente. Las Profecías enumeran a los sucesores de San Pedro hasta el fin de los tiempos del mundo, según algunos intérpretes, o de la Iglesia, a decir de otros.

La postura de El Vaticano al respecto es un misterio. Lo que sí es cierto, es que las coincidencias de los lemas señalados en las Profecías, y los rasgos de los últimos pontificados, se adecúan de una u otra forma. Los estudios de San Malaquías aseguran que las Profecías coinciden plenamente con los papados de los pontífices que hubo desde su presunta redacción hasta la publicación en 1595; a partir de ese momento, se deben buscar elementos más profundos para encuadrarlas con los papas en cuestión; esto presume que son falsamente atribuidas a San Malaquías y que son producto de algún charlatán que se aprovechó del prestigio del arzobispo para publicarlas en su nombre.

El canónigo I. Cristiani aseguró que en El Vaticano existe una “indulgente benevolencia” hacia las Profecías, en virtud de que ni se ha prohibido su publicación, ni se ha descartado tajantemente la veracidad de las mismas, ni emitido un juicio respecto a si le pertenecen o no a Malaquías.

El escritor Hildebrand Troll, escribió un pequeño libro sobre las Profecías de San Malaquías, a propósito de la veracidad de las mismas, señala que “por lo que respecta a los aciertos de la profecía de San Malaquías, los especialistas se mantienen divididos: algunos se sorprenden del número y la calidad de las ‘coincidencias’ detectadas, mientras que otros consideran excesivamente forzados los vínculos existentes entre los lemas y la historia pontificia posterior”.

Pero, ¿qué papel tiene S.S. Francisco en las Profecías de San Malaquías? Uno tenebroso. Los lemas que adjudican las Profecías a cada papado, concluyeron con Benedicto XVI, lo que sigue en el texto es una aseveración que (si bien no coincide con la realidad en cuanto al nombre del Papa Francisco) puede encerrar en su contenido el final de la era de la Iglesia, o del mundo entero.

“In psecutione extrema S.R.E. sedebit Petrus Romanus qui pascet oues in multis tribulationibus, quibus transactis ciuitas septicollis diruetur, & Judex tremendus iudicabit populum suum. Finis” Profecías de San Malaquías

La traducción de la profecía al español dice: “En persecución extrema, en la Santa Romana Iglesia reinará Pedro el Romano quien pacerá a su rebaño entre muchas tribulaciones, tras lo cual la ciudad de las siete colinas [Roma] será destruida y el Juez Terrible juzgará al pueblo suyo. Fin”.

Francisco no es Pedro El Romano. El temor de los católicos, y del mundo entero, se habría desatado si efectivamente el sucesor de Benedicto XVI fuera de Roma y tomara el nombre de Pedro. Independientemente de que la Iglesia reconozca o no a las Profecías, su actitud ante ellas ha sido una mezcla extraña de respeto e incredulidad. El “no creo, pero tampoco dejo de creer” de El Vaticano ha llevado a las Profecías de San Malaquías a tomar un enésimo aire cuando llegó el supuesto último Papa, Pedro el Romano, bajo el nombre de Francisco, que reinará entre muchas tribulaciones, como los escándalos sexuales y financieros de la Iglesia Católica; no nos queda más que esperar que al Juez Terrible que emita su veredicto ante la humanidad; o simplemente esperar que tras la muerte (o renuncia, de darse el caso) del Papa Francisco, llegue su sucesor y se desvirtúe por completo el texto de las Profecías de San Malaquías.

S.S. Francisco, el Papa de las Tribulaciones, ha llevado a cabo durante el primer año de su pontificado, una serie de acciones que van a marcar permanentemente a la Iglesia por su trascendencia. En la próxima y última entrega de esta serie de artículos conoceremos el resumen de sus primeros 365 días como el Representante de Dios en la Tierra.

El Cardenal y el Cónclave

“La Iglesia Católica hizo historia al buscar al nuevo papa en el Nuevo Mundo. La Iglesia elevó a un hombre con ventajas culturales muy significativas: es un pontífice carismático (le encanta el tango y el fútbol) que se conecta con las masas, lo que le da una nueva fuerza a la fe en la parte del mundo que es el hogar de la concentración más grande de seguidores de la Iglesia. Pero su ascenso representa aspectos negativos potenciales. América Latina también es una región donde la Iglesia no ha sido obligada por las instituciones seculares, como los tribunales o los medios de comunicación, a abrirse tanto como en otras partes. Además, es una región donde la Iglesia continúa siendo la figura no gubernamental dominante, donde la palabra del sacerdote tiene mucho peso y donde muchos miembros de la sociedad, en especial los pobres, tienen mucho de desafiar a los que representan la autoridad”. The Wall Street Journal

No es fácil conocer detalles de lo que ocurre al interior de un cónclave. La secrecía y el misterio que lo envuelven hacen que sea prácticamente imposible saber a ciencia cierta el pensamiento y la expresión de los electores del Sumo Pontífice. Sin embargo, los más especializados periodistas y conocedores del tema, investigaron y concluyeron que en 2005, el Cardenal Jorge Mario Bergoglio fue el segundo más votado por debajo de Joseph Ratzinger. Bergoglio optó persuadir a los cardenales que simpatizaban con su figura, para que cedieran su voto al entonces Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe de El Vaticano. Jorge Mario, después del habemmus papam, regresó en clase turista a la Argentina.

Como Arzobispo Primado de la Argentina, fue un férreo defensor de las voces que estaban en contra de algunas acciones del gobierno de los Kirchner, lo que generó un trato hostil por parte del matrimonio hacia la figura del cardenal.

Tras la renuncia de Benedicto XVI (que algunas fuentes proponen la traducción como Benito XVI), regresó hasta la Santa Sede quien en el cónclave pasado fuera un favorito, sólo que en esta ocasión su nombre no figuraba en la lista de papables que los periodistas que cubren la fuente de El Vaticano, habían empezado a difundir. Se hospedó en un lugar modesto ligeramente retirado de la Ciudad del Vaticano, disfrutó de agradables caminatas, de cafés sencillos y acogedores por las calles secundarias de acceso y le permitió escuchar, a la distancia, las conversaciones entre cardenales sobre quién sucedería al Papa Benedicto XVI.

Los simpatizantes de Bergoglio comenzaron a sacar a flote su candidatura. Buscando que obtuviera los 77 votos para completar los dos tercios necesarios para convertirse en el sucesor de San Pedro. Pero había dos nombres que aparecían invariablemente en las mesas de debate: Marc Ouellet y Angelo Scola. El cardenal Murphy-O’connor optó por mencionar el nombre del argentino y éste no causó mucho revuelo.

Las posibles causas del escepticismo con respecto a su probable elección eran, en primer término, su edad y el hecho de que no era el favorito de Ratzinger. Si el Papa Benedicto adujo problemas de la edad y su fragilidad física para continuar con su labor, ¿sería Bergoglio el indicado para sucederlo con 76 años de edad?

Pero el discurso del Arzobispo de la Argentina rompió los esquemas, no habló en su lengua, sino en italiano, el idioma de 28 de los electores del nuevo Papa.

“Cuando la Iglesia es autorreferente, sin darse cuenta, cree que tiene luz propia; deja de ser el mysterium lunae y da lugar a ese mal tan grave que es la mundanidad espiritual. [El nuevo Papa] debe ser un hombre que, desde la contemplación de Jesucristo ayude a la Iglesia a salir de sí hacia las periferias existenciales que la ayude a ser la madre fecunda que vive la dulce y confortadora alegría de evangelizar” Cardenal Jorge Mario Bergoglio, discurso previo a la elección papal.

La tarea principal de la Iglesia, según Bergoglio en su discurso no es la del “autoexamen”, sino acercarse a los problemas del diario acontecer del rebaño del mundo: la pobreza, la humillación como producto de injusticias sociales. Y comenzó al Cónclave, dos días después.

En la primera noche de votación, los cardenales se orientaron hacia Bergoglio, Scola y Ouellet. Mas la mañana del miércoles 13 de marzo el apoyo hacia Scola empezó a ceder. Los simpatizantes de Ratzinger seguían apoyando a Ouellet, pero esa mañana, después de otra votación el nombre del Cardenal Bergoglio aparecía una y otra vez en las cédulas de votación. Logró superar las dos terceras partes necesarias para erigirse como Pontífice, y “como la cosa se estaba poniendo peligrosa”– dijera en broma el Papa– el Cardenal Claudio Hummes se acercó a él y le susurró al oído: “No te olvides de los pobres”.

No había pensado en su nombre como Pontífice. Recordó las palabras de Hummes, pensó en San Francisco de Asís, “un hombre de paz, de pobreza, un hombre que amaba y protegía la creación”–señaló S.S.– y decidió ser el primer Papa Francisco. Cómo se dio a conocer su nombre al mundo y cómo ha sido el primer año de su pontificado, lo conoceremos el 13 de marzo en la última entrega de esta serie de artículos. Pero en el próximo escrito escribiré para ustedes sobre el futuro del Papa Francisco, según San Malaquías.

El Jesuita

“La vocación religiosa es una llamada de Dios ante un corazón que la está esperando consciente o inconscientemente” dice Jorge Mario Bergoglio en entrevista con Sergio Rubín y Francesca Ambrogetti, autores de su biografía, publicada bajo el nombre de “El Jesuita” en 2010 (tras su elección en el cónclave de 2013 se reeditó como “El Papa Francisco”). Entregado a la oración, el ahora Sumo Pontífice, se refiere a la tarea de orar como “una experiencia de claudicación, de entrega, donde todo nuestro ser entre en presencia de dios. Es allí donde se producirá el diálogo, la escucha, la transformación. Mirar a Dios, pero sobre todo sentirse mirado por Él”.

Se ordenó como sacerdote en 1969. Después de estudiar un corto tiempo en España, regresó a Buenos Aires y se instaló en el Colegio Máximo de San Miguel, donde comenzó su labor como docente de novicios, y del cual llegó a ser rector, tras cumplir con el trabajo de supervisar a los pocos sacerdotes jesuitas de la orden en Argentina.

Tras la crisis económicas recurrentes en Argentina posteriores a la época peronista, y como resultado de ser la de ese país, la Iglesia más conservadora de Latinoamérica, se consolidó la “Teología de la Liberación” (nacida en la década de los 50’s). Pronto tomó un profundo sentido político y, lejos de utilizar la religión para vencer la inequidad extrema del momento, se tomó la figura de Jesús como un marxista defensor de los pobres. Este movimiento provocó reacciones en el Papa Juan Pablo II y envió hasta Argentina al hombre de su mayor confianza para frenar la Teología de la Liberación, se trata de Joseph Ratzinger, quien años después se convertiría en el Papa Benedicto XVI.

El padre Bergoglio evitó a toda costa que los jesuitas bajo su cargo se vieran absorbidos por la creciente fuerza del movimiento; algunos simpatizantes de la Teología de la Liberación dejaron el hábito y comenzaron a usar vestimenta civil, pero, a decir del Reverendo Jeff Klaiber, “el padre Bergoglio fue la fuerza que mantuvo a los jesuitas de Argentina en un camino muy conservador”.

La situación se tornó crítica, y terminó con la detención y privación ilegal de la libertad de varios sacerdotes; que, “por no advertir del peligro” desató una terrible desacreditación de Bergoglio, situación que revivió en el cónclave de 2005 (tema que se tratará a detalle en otro artículo). Se le relacionó incluso como cómplice de la dictadura antiperonista, situación que nunca se le comprobó al no haber más pruebas que supuestas omisiones en el apoyo a los jesuitas inmersos en el movimiento. El Premio Nobel de La Paz, en 1980, el argentino Adolfo Pérez Esquivel, declaró: “No considero a Jorge Bergoglio como un cómplice de la dictadura, pero creo que le faltó coraje para acompañarnos en la lucha por los derechos humanos en los momentos más difíciles”.

Posteriormente, Bergoglio daría indicios en entrevistas, e incluso en su biografía, de sentirse preocupado por la actitud que tomó frente a la dictadura, refiriéndose a que hizo lo que pudo dadas “mis pocas posibilidades y mi escaso peso”. Es razonable su actitud, en virtud de que en ese entonces no era ni siquiera obispo y su único poder era el de jefe de los jesuitas argentinos.

¿Dejó marcas permanentes en el ahora Papa Francisco, lo ocurrido durante la época de la guerra sucia? Lo descubriremos en la siguiente entrega, donde habremos de tratar el tema del Cardenal Bergoglio, su historia como Arzobispo Primado de la Argentina y su elección papal del 13 de marzo del año pasado.

Jorge Mario Bergoglio: El hombre que se convirtió en sacerdote

El 17 de diciembre de 1936 nació el mayor de los hijos de una familia, por un lado proveniente de Piamonte, Italia; y por el otro, porteña bonaerense. Con profundo sentido religioso, el padre y los abuelos, migrantes, de Jorge Mario Bergoglio, se habían establecido en Argentina desde el año de 1929. Tiempo después habrían de conocerse, en una iglesia, José Mario y Regina, quienes procrearían al actual Papa Francisco.

Además de las convicciones religiosas de la familia, Jorge Mario fue criado en una cultura de trabajo. Apenas a los 13 años de edad, fue invitado por su padre a trabajar durante las vacaciones; tiempo en el que se dedicó, primero a los trabajos de limpieza y, posteriormente, a los asuntos administrativos. Al cabo de un tiempo sus ocupaciones cambiaron, combinándolas siempre con los compromisos académicos.

“El trabajo unge de dignidad a una persona. La unción de la dignidad no la otorga ni el abolengo, ni la formación familiar, ni la educación. La dignidad como tal viene por el trabajo. Comemos de lo que ganamos. No interesa si es mucho o poco. Si es más, mejor. Podemos tener una fortuna, pero si no trabajamos, la dignidad se viene abajo”. Papa Francisco.

En 1957, cuando tenía 21 años de edad, Jorge Mario sufrió una pulmonía grave, que terminó con la ablación (extirpación) de la parte superior del pulmón derecho. Durante su convalecencia no dejó de recibir la comunión, y al quejarse de su dolor ante la religiosa que le suministraba la eucaristía, escuchó una aseveración que marcaría de por vida su definición del dolor: “Lo estás imitando a Jesús”.

Años antes había recibido ya el llamado de Dios para convencerse de que debía servirle en la Iglesia, mismo que atendió hasta tiempo después. A los 17 años de edad, cuando se dirigía al encuentro con sus amigos para celebrar el día del estudiante en Argentina, mientras corría apurado para no llegar tarde a la cita, pasó enfrente de un templo. Repentinamente se detuvo. Observó absorto la soledad en su interior, y al sacerdote que esperaba a algún fiel que llegara a confesarle sus pecados en busca de la absolución. Sin pensarlo siquiera, Bergoglio accedió al lugar y sostuvo una charla de confesión con el sacerdote, despabilando así su fe. Después de la confesión optó por no acudir a la cita con los amigos y regresar a casa con una nueva convicción: quería ser sacerdote.

Aquella experiencia religiosa de Bergoglio, se consumaría tiempo después. Cambió radicalmente el rumbo de su vida y seguiría su camino hasta convertirse en el Arzobispo Primado de la Argentina y, hace casi un año, haciendo historia, en el Primer Papa Latinoamericano: Su Santidad Francisco. El camino que recorrió hasta llegar a ser el representante de Dios en la tierra, lo conocemos en las próximas entregas de estos escritos redactados por motivo del primer aniversario del Papa Francisco como sucesor de San Pedro.